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LA MENTE ENLOQUECIDA

A través del amor llegué a un lugar

donde no queda rastro del amor,


donde toda riqueza de “yo” y “tú” y toda imagen de existencia

fueron aniquiladas del recuerdo por una única pasión.


Nada se sabe sobre mí aquí donde yo estoy,

porque no hay aquí ciencia ni voluntad alguna.


Porque en esa morada, perplejo está el amor

y la mente es aquí una extraña diciendo cosas vanas.


También yo soy un pobre que no ha dejado huellas,

soy un menesteroso que se perdió a sí mismo.


Libre de la fidelidad y la infidelidad,

extraño para sí y para el conocido.


Sólo esto me reprocho:

que todavía algún eco llegue desde mí.


Afligido por el recuerdo de Nurbakhsh, repito:

“Te fuiste un día y no sé dónde estás”.

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